14 de abril de 2018

Ahed Al Tamimi, hija Palestina

Ahed Al Tamimi, 16 años,
Ahed Al Tamimi, hija Palestina,
Ahed Al Tamimi, frágil figura de gacela
y fiero corazón de león,
el viento cálido del desierto
me ha traído tus contundentes palabras
enzarzadas a una de las hebras doradas
de tu indómita cabellera de dunas
abundante, larga, y ondulada.

Has hecho de mi pecho un lacerante foso,
un grito seco y agudo libertario,
un deseo ciego de sostener firme
a tu alzado y apretado puño pequeño
frente a la fuerza desmedida ocupante,
a tu cabeza altiva de adolescente azucena
haciéndole frente a los que usurparon tu tierra,
a tu voz que resuena insistente en los cinco continentes
pero que es acallada por los poderes malsanos
que te detienen y te amarran de pies y manos
como cordero de Dios en sacrificio.

Materializas el peligro de la rebelión,
y por eso pretenden acallarte.
enterrarte en vida en una sucia mazmorra
como sus corrompidas almas de averno,
juzgándote por una docena de delitos
ante un burdo tribunal militar farsante
cuando tu único pecado mortal fue hacerles frente
a dos asesinos armados hasta sus fauces
impidiéndoles que mancillaran tu hogar y tu gente...

Quisieron borrar el perfume penetrante
de tu intuitiva mirada de mirra antigua,
tu expresiva raíz árabe de triunfadora amada,
como concepto puro de cómo te llamamos,
quisieron desarraigar los venerables nombres
asentados en las calles de tu aldea Nabi Saleh,
quisieron derribar los cimientos de tu autoestima caudilla,
de tu orgullo patrio, de tu soberanía innata de olivo
y no pudieron...ese nido de escorpiones no entendieron
porqué nunca tuviste miedo ante su deformación aberrante e incisiva,
tú, la de ojos de gélidos topacios tallados en dolor,
tú, el símbolo viviente de lo irreductible, de lo genuino y del honor.

Astrid Colomine (poeta venezolana)






Raíces Árabes Semitas


Entro descalza a la mezquita
de mi amado Jericó en ruinas,
pero aún así cubro mi cabello
empapado de sudores antiguos,
de viejos dolores fermentados,
siento respeto por el significado
oculto en los borrosos arabescos
de la gastada alfombra,
cubierta aún, de rojos y pólvora,
de quienes no renunciamos a creer.

Mi corazón está siempre alerta
ante el sonido acre de las sirenas,
y se cierra instintivamente
con el retumbar insidioso de los disparos,
trato de soñar a pesar del miedo,
y mi pensamiento viaja hasta tí, Alá,
que me hiciste monoteísta, cuando renuncié
a mis falsos ídolos de odio-codicia.

Profeso una rica fusión de conceptos
provenientes de mi sangre
islamista, cristiana, judaista,
todos pertenecemos inequívocamente
a las diferentes ramas de un mismo árbol,
llevo en el centro de mi pecho
los 114 suras con el nombre del Creador,
me elevo mitológicamente
en una reverente plegaria
en la cola pavo real de Alburaq,
diviso desde lo alto y con tristeza,
a los tantos traicioneros Zainabs
que se apoderan de mis sagradas tierras,
sirviéndonos impúdicamente
los envenenados corderos del odio
que comemos por la fuerza,
justicia universal, ciudadanos del mundo,
¿acaso no sienten nuestro dolor e impotencia?

Cada día corro, grito y rezo,
envolviendo a mi moribundo hermano,
con la cáscara sutil de mi cuerpo,
mientras yace armado,
con polvo y roca del camino.
Arsenal de mezquinos indolentes
que quieren cobrarse su Holocausto
con quienes jamás ningún daño hicimos,
sólo nos declaramos culpables de ser
parientes con la misma lengua semita,
pero con la salvedad de sabernos
más antiguos, más nobles y más sabios,
compartiendo generosamente nuestras tierras,
aunque sea con estos mismos desposeídos
que hoy abren desmesuradamente
sus fauces hambrientas, de bestia indolente,
en este suelo filisteo que jamás fue,
es, ni nunca será de ustedes.

¿Dónde está mi tribu nómada de Canaán,
dónde, glorioso pasado de creadores
de esta cautivante civilización nueva
que tantos otros pueblos hicieron suya?,
¿dónde, tejedores de tapices ya soñados en seda?,
¿dónde, fuente de vidriados azulejos
disputando tu refulgente brillo
con el espejo acuático de mercurio?,
¿dónde, hechizo puro de artes,ciencias y letras
desarrollado prodigiosamente como celosía
mientras Europa todavía vivía en la barbarie?

Sólo quiero cultivar oro en los campos de trigo,
contar las perlas blancas de la cebada,
ser como un hermoso camello
que resiste sin agua, eternidades,
ser simple, y diáfana como un vaso de té,
extenderme como arena tibia pero sin ser pisada,
coexistir aceptando a los otros diferentes a mí,
volar como flor de azahar al viento
hacia los coloridos bazares de las especies,
en Jerusalén, Ramallah, Qalqilya o Belén,
disfrutar de un aromático baño de aceites a orillas del Jordán,
saborear un café arábigo de perfumados granos oscuros,
oler el tabaco amaderado del narguile, tatuarme las manos de henna,
danzar el Dabke, cantar canciones de amor,
seguir escribiendo con pasión, todos los poemas del Universo,
usar la brújula, navegando en los mares libres de Palestina,
guiar mi norte con el astrolabio de la belleza y de la intuición,
jugar con el cero matemático y la geometría,
disfrutar de la dualidad astronomía- astrología,
de mágica alquimia junto a la química
aplicando las pócimas curativas de Avicena,
damasquinar mi mirada con inspiración y dulzura,
y apostar toda mi vida, a las más hermosas piezas de paz
que poco a poco construimos para que dejen de ser fábulas 
y se conviertan hoy en una realidad.






Astrid Colomine (poeta venezolana)

4 de abril de 2018



Siempre

Crepúsculo
volarán algunos estorninos.
Abandonarán la órbita de la memoria del pino.
Quedará apaciguada la virtud corporal del árbol,
caerá sobre mis hombros la inocencia de la gnosis.

Rompe a hablar, ¡oh mujer nocturna convocada!
bajo estas ramas cariñosas del viento
devuélveme a mi infancia.
En medio de estos negros eternos,
¡habla, hermana, de la evolución colorida!
llena mi sangre de sutil lucidez.
Descubre mi pulso
sobre la áspera esencia del amor.                           
Camina desde tierras vírgenes                
hasta la pureza del jardín de los mitos.
Junto al momento del esplendor de las uvas,
háblame, ¡oh, hurí de la palabra primordial! 
y purifica mi tristeza
en la lejana boca de la frase.
En todas las arenas saladas del aburrimiento, 
haz que se deslice la laringe de las aguas.
Y luego
extiende la dulce víspera del párpado 
sobre los prados
inmóviles del pensamiento.


 
La hoja iluminada del tiempo 

Atacó la luz y los cristales de la puerta se movieron.
se hizo de día, y llegó el sol.
Tomamos el té en el verde de la mesa.

A las nueve llegó la nube, las barandillas se mojaron,
mis instantes pequeños estaban camuflados debajo de las jaras.
Había una muñeca detrás de la lluvia.

Las nubes se fueron.
Un aire despejado, un gorrión, un vuelo.
Dónde están mis enemigos?
Pensaba:
en presencia de los geranios, la crueldad se ha avergonzado.

Abrí la puerta: un trozo de cielo se cayó en mi vaso de agua.
bebí agua con cielo. 
Mis instantes pequeños tenían un sueño de plata.
Abrí el libro bajo el techo invisible del tiempo.

Llegó el mediodía.
el olor del pan viajaba desde el sol del mantel hasta
el entendimiento del cuerpo de la flor.
El  pasto del entendimiento era verde.
Mis manos flotaban entre los colores de la intuición.
Pelaba una naranja.
Se veía la ciudad en el espejo.
Dónde están mis amigos?
Que tengan un día de naranjas!

Detrás de los cristales abundaba la noche.
En mi cuarto se hallaba el eco del encuentro de mis dedos
                                                                           con la elevación. 
En mi cuarto se oía disminuir la medida.
Mis instantes pequeños pensaban hasta la estrella.
El sueño construía cosas sobre mis ojos:
un espacio abierto, las arenas del cantar y las huellas del Amigo...


Claridad, agua, flor, yo mismo 

No hay nubes.
No hay viento.
Me siento en el borde del estanque:
juego coleante de peces, claridad, agua, flor, yo mismo.
La pureza de la espiga de la vida.

Mi madre coge albahaca.
Pan, albahaca y queso, cielo sin nubes, petunias húmedas.
Salvación inminente: entre las flores del patio.
Cuántas caricias vierte esta luz en un cuenco de cobre!
La escalera, desde la cima del mundo hace descender la mañana
                                                                                      sobre la tierra. 
Detrás de una sonrisa cualquier cosa se oculta.
El muro del tiempo tiene una grieta a través de la cual se ve
                                                                                                mi cara. 

Algo que desconozco.
Lo sé. Si arranco una brizna de hierba moriré.
Asciendo a la cumbre, lleno estoy de alas y plumas.
Veo un camino en la oscuridad, lleno estoy de faroles.
Lleno estoy de luz, de arena y de ramaje de árbol.
Lleno estoy de caminos, puentes, ríos, olas,
de reflejos de las hojas en el agua:
pero, qué soledad en lo hondo de mi ser!



Sohrab Sepehrí (poeta persa, 1928-1980)