Siempre
Crepúsculo
volarán algunos estorninos.
Abandonarán la órbita de la memoria del pino.
Quedará apaciguada la virtud corporal del árbol,
caerá sobre mis hombros la inocencia de la gnosis.
Rompe a hablar, ¡oh mujer nocturna convocada!
bajo estas ramas cariñosas del viento
devuélveme a mi infancia.
En medio de estos negros eternos,
¡habla, hermana, de la evolución colorida!
llena mi sangre de sutil lucidez.
Descubre mi pulso
sobre la áspera esencia del amor.
Camina desde tierras vírgenes
hasta la pureza del jardín de los mitos.
Junto al momento del esplendor de las uvas,
háblame, ¡oh, hurí de la palabra primordial!
y purifica mi tristeza
en la lejana boca de la frase.
En todas las arenas saladas del aburrimiento,
haz que se deslice la laringe de las aguas.
Y luego
extiende la dulce víspera del párpado
sobre los prados
inmóviles del pensamiento.
La hoja iluminada del tiempo
Atacó la luz y los cristales de la puerta se movieron.
se hizo de día, y llegó el sol.
Tomamos el té en el verde de la mesa.
A las nueve llegó la nube, las barandillas se mojaron,
mis instantes pequeños estaban camuflados debajo de las jaras.
Había una muñeca detrás de la lluvia.
Las nubes se fueron.
Un aire despejado, un gorrión, un vuelo.
Dónde están mis enemigos?
Pensaba:
en presencia de los geranios, la crueldad se ha avergonzado.
Abrí la puerta: un trozo de cielo se cayó en mi vaso de agua.
bebí agua con cielo.
Mis instantes pequeños tenían un sueño de plata.
Abrí el libro bajo el techo invisible del tiempo.
Llegó el mediodía.
el olor del pan viajaba desde el sol del mantel hasta
el entendimiento del cuerpo de la flor.
El pasto del entendimiento era verde.
Mis manos flotaban entre los colores de la intuición.
Pelaba una naranja.
Se veía la ciudad en el espejo.
Dónde están mis amigos?
Que tengan un día de naranjas!
Detrás de los cristales abundaba la noche.
En mi cuarto se hallaba el eco del encuentro de mis dedos
con la elevación.
En mi cuarto se oía disminuir la medida.
Mis instantes pequeños pensaban hasta la estrella.
El sueño construía cosas sobre mis ojos:
un espacio abierto, las arenas del cantar y las huellas del Amigo...
Claridad, agua, flor, yo mismo
No hay nubes.
No hay viento.
Me siento en el borde del estanque:
juego coleante de peces, claridad, agua, flor, yo mismo.
La pureza de la espiga de la vida.
Mi madre coge albahaca.
Pan, albahaca y queso, cielo sin nubes, petunias húmedas.
Salvación inminente: entre las flores del patio.
Cuántas caricias vierte esta luz en un cuenco de cobre!
La escalera, desde la cima del mundo hace descender la mañana
sobre la tierra.
Detrás de una sonrisa cualquier cosa se oculta.
El muro del tiempo tiene una grieta a través de la cual se ve
mi cara.
Algo que desconozco.
Lo sé. Si arranco una brizna de hierba moriré.
Asciendo a la cumbre, lleno estoy de alas y plumas.
Veo un camino en la oscuridad, lleno estoy de faroles.
Lleno estoy de caminos, puentes, ríos, olas,
de reflejos de las hojas en el agua:
pero, qué soledad en lo hondo de mi ser!
Sohrab Sepehrí (poeta persa, 1928-1980)

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