30 de julio de 2018

Sosiego

No siento sosiego
por eso, de noche, bebo mi cerveza solo.
Me toman por duro como acero.
Contento conmigo mismo.
Sin embargo, necesito personas,
una mujer que quiebre el aparente hielo.
Quién encuentra la piedra preciosa oculta en el fondo?
Qué puedo hacer con mis facciones?
Y si un día las dejara en casa
y sólo le mostrara a la gente mi alma,
quién sabe?
será posible que simplemente me quieran?








Presencia

De dónde vendrá que un hombre
piense en presencia de tantas mujeres
en una ausente?
Los ausentes están todos presentes.
Muchos presentes están ausentes!


Idris M. Tayeb ( poeta libio,1952)
Un sol pupila

Un sol pupila
navega al centro del orbe

una tierra agrietada 
mezcla sus profundidades
en los soplos que viajan.
Las raíces son todo el misterio
son árbol invertido 
corriendo a lo largo de las edades

una desconocida morada
en cuanto a la fuente de la fractura

de silex y de viento 
germina la otra vertiente
de los cuerpos

el tiempo fija las dos caras
gemelas
en su danza orgánica

en todas las formas abruptas 
paridas de la nada
un fuego vigila
para mejor tenderse hacia mañana


Estar desnudo


Estar desnudo
en la red travestida del agua
                                                                

restituir al innombrable sus nombres

y nombro erosión a la soledad reacia
inventada a la piedra

errancia puntuada de estrellas
la ausencia del sol en la noche rota

emblema y consagración
al seno irrigado del infinito

deseo la encarnación rara
de nuestros lenguajes en un detalle     
de la infancia

tierra el vasto espacio 
de nuestra transhumancia

ritual nuestra búsqueda de morada
de señales

y aún vigía
cada ser
erigido contra la muerte

sin embargo el tiempo el incierto
y ese afuera presentido
nos retienen entre sus raíces

 y que por las ventanas
frío distante lo inmediato
surgido de un puñado de hielo
nos asalta.


Amina Said (poeta tunecina, 1953)

25 de julio de 2018

La reunión de los castrados

Los reunidos: son los impotentes árabes.
La fecha de la reunión: es un tiempo sin identidad.
El lugar: una tierra sin fuego.
El objetivo de la reunión: olvidar la dignidad árabe
Su duración: todo el período que se considere
al petróleo como si fuese vino...

Desde la parte superior del púlpito, el celebrante grita:
declaro en nombre del pueblo que Dios ha muerto y cita:
a cambio, hemos plantado maravillas en la tierra de los árabes.
También Noé murió y Mahoma abandonó su estirpe,
a sus memorias las fuentes del bien florecieron
y las obras de los profetas aparecieron.

Oh, tierra de los árabes, revoluciona,
sacúdete y tiembla,
deja que la ira popular hierva
llegando al pueblo que la contempla.
Los revolucionarios anuncian
el momento de una lucha ejemplar.
Oh, conferenciantes,
vayan a cosechar sus frutos,
los que han plantado
desde décadas
recibirán sus tributos.

La magia del petróleo
determina y regirá sus estatutos.
El tiempo de las uvas y de las granadas se ha ido,
el petróleo no será más, un vino ardido y vencido.

No crean que Dios ha muerto.
De vuestra tierra nacen las bellas civilizaciones,
las pirámides y las maravillosas estaciones,
las extrañas actitudes de los apóstatas,
la gente de la Torá y sus derivaciones.

El escepticismo de la gente de la tierra,
del cielo y de sus circunscripciones
sacudido por el secreto de los milagros ...
¡muévete tierra de las bendiciones
cambia este silencioso nihilista eterno
y cura nuestras heridas!

Así no tendré que levantar la pluma,
ni me sentaré en la mesa de la negociación.
En suma, mientras la conferencia
de la emasculación no consuma
a los que dejan a nuestros hijos inutilizados,
descalzos, desnudos, desgarrados,
llorando a un cielo sordo mudo.

Gassan Abbas (poeta sirio,1968)

24 de julio de 2018



Me vi obligado a venir a esta casa destruida,
pero ahora me aposenté aquí ya no quiero moverme.
Padezco terribles privaciones; y no hay luz
en el corazón de los hombres. Nubes de lluvia,
nubes de muerte,
pasan sobre la población que crece como plantas.
El hombre vive peleando; su mente es redundante.



                                                                               
Cadenas de relámpagos tornaron la tierra polvorienta
de Beni Silsilah en hectáreas de ricas cosechas.

Cúmulos remolcan nubes preñadas de lluvia
que empaparon una tierra y pasaron por alto la siguiente,

La tormenta lavó mi cuerpo de la mugre que tenía
pero es mi alma la que necesita ser depurada.

Mis labios nunca tocaron el alcohol prohibido:
yo no daño a mi alma, mi alma se daña a sí misma.


Abu al Ala al Ma' arri (poeta sirio, 973-1058 d.C)

Tailandia-Vietnam-Camboya


Tierra noble, valiente, serena,
dulce corazón de antiguo invernadero,
germinas en mi piel aceleradamente
como afiebradas escamas doradas

de un dragón genuinamente asiático,
tatuajes, signos, símbolos,
que impregnan con su vocabulario de sueños
la espesa tinta henna,
ese sello único de pensamiento calmo,
la sonora lengua guiando
la ruta de la exquisita seda,
de los ingrávidos budas                   
de recogido cabello en apretado nido,
en posición de perfumado loto,
de filigrana y polvo de estrellas,
ojos horizontales, oblicuos, lineales,
agua, agua y más agua,
condensada en un oboe de mar,
en una sola nota violentamente turquesa…


Esparces tu olor de incienso puro,
todo se mueve como en un denso
y móvil enjambre embriagante,
proveniente de enrollados cordeles
que nos recuerdan perfumes primitivos
instintivos, remotos, rituales,
que se intuyeron perdidos,
monjes con rostros de luna semi-oculta,
enigmáticos, desnudos, risueños, cansados,
sobresaliendo de su rudo y áspero naranja envolvente,
barcas desbordantes de colores estridentes,
sabores poco paladeados,
sonidos profundos que tocan el alma,
cabezas gigantes tan duales
como la danza anónima entre el bien y el mal,
mostrando sin temor ese lado oscuro del corazón
tan adherido a nuestra parte sagrada.


Me balanceo en tus anchos columpios
de madera suavemente virgen,
penetro en tus exquisitos templos
robando y profanando
su rara belleza escondida,
mis ojos se cubren de altas raíces
se activa la meditación y el éxtasis
desde mi Hara, desde mis venas,
y un puñado de azafrán
se deposita en mi húmeda boca
convirtiéndome en un gigantesco mantra
profusamente vivo, libre, sentido,
que me eleva poco a poco
hasta el séptimo cielo.

Astrid Colomine (poeta venezolana)



9 de julio de 2018



Yo soy como un melocotonero
que floreciera en hondo pozo.
Hacia quién puedo mirar y sonreir?
tú eres la luna que reluce en el cielo.
Al pasar me miraste durante una hora;
luego te fuiste para siempre.
La espada con la hoja más fina
no puede cortar el agua del río en dos
para que deje de correr.
Mi pensamiento, como el agua del río,
corre y te sigue siempre.



Li Po (poeta chino 711-762 d.C)




Quien dijo que fue por mi deseo
esta separación, este vivir sin ti?
Mi túnica está aún transida de tu aroma;
aún guardo entre mis manos la carta que enviaste.
Rodeándo mi cuerpo,
me ceñí el cinturón en doble vuelta, 
y sueño que nos une a los dos en amoroso nudo.
sabes que hay quien esconde su amor
como flor delicada, demasiada preciosa
para que alguien la corte?


Emperador Wu Ti (poeta chino 156-87 a.C)




Antes tú y yo éramos
uno sólo, como el cuerpo y su sombra.
Ahora somos tú y yo 
como la nube que huye después de un aguacero.

Antes tú y yo éramos
como el sonido y su eco, acordes entre sí.
ahora somos tú y yo
como las hojas muertas que caen de la rama.

Antes tú y yo éramos
como el oro o la piedra, sin mancha ni fisura.
ahora somos tú y yo
como una estrella extinta o un esplendor pasado.




Fu Hsiuan (poeta chino, período de los tres reinos 221-264)







Cuando voy a visitarte
y no hay luna que alumbre el camino
cometas de deseo inflaman
mi corazón con tantas llamas
que la tierra se ilumina
con el holocausto que arde
bajo mis costillas.



 

Ella está modelada por completo
y la belleza es completa en su rostro
la belleza que no yace en su rostro
carece por completo de belleza.
Una vez al mes la gente ve
una nueva luna en el cielo.
Por cada amanecer yo contengo
entre mis manos una nueva luna
en su rostro.




Ten en cuenta como soporto de pie,
perplejo, en tu patio, tu perfume
flotando en tu ventana; cuando escucho
el taconear de tus zapatos
volteo a izquierda y derecha la cabeza
como un náufrago desesperado por la cuerda.



Abbas Ibn Al Ahnaf (poeta persa 750-809 d.C)


Cabellera

El aquilón de su cabellera
la ha ocultado a las miradas:
rostro, noche estrellada 
donde la aurora se adivina.

Sus cabellos la cubren con sombra sabia y tutelar:
en las tinieblas, uno busca un gracioso rayo de luna.


Amenaza

Blanca gacela cuya belleza nos encanta
con una mirada que juega con los dormidos.

El garfio amenazante de un escorpión sobre su sien
embelesado junto a la rosa de sus mejillas.


Limpidez
Al bañarse, desenvainando el cuerpo de su ropa,
un excesivo pudor de rosa orna sus mejillas.

Ella se ofrece al aire, desnuda y sin pena,
dándole un zafiro más tenue que el viento.    

Y junta con su palma una limpidez
de agua cristalina contenida en una jarra.

Habiendo hecho correr el agua y secándose,
iba a ponerse la ropa presurosa, 
cuando vio cerca a un hombre que la espiaba.
Velo negro de los cabellos que aprisionó el día.

Su alba desapareció bajo un manto de noche,
y el sudor perló el mar cristalino.


Abdulah ibn al Mu Taz (poeta iraquí 861-908 d.C)

 

Tal cual

Tal cual transcurrió mi tiempo
por el alma de ella,
los pastores deambularon 
por sus senderos de ensueños,
la vergüenza se escabulló
por el agujero del habla,
ha recogido pedazo por pedazo su niñez
para coser de mi noche su mañana.

Tal cual 
creí en mi vino y en sus necedades,
me convertí en un cuerpo de aire
en mis textos principales
perdido en la cisterna chiíta,
los cuerpos dormían sobre el lenguaje
de mi llanto.

Tal cual mezclé mi edad con su edad,
abandoné los campos entre las paredes y la camisa.,
los constructores que relinchaban como reyes
sobre su pirámide,
y los picos que jadeaban con los esclavo,
y me oculté en mi deseo.

Tal cual
planté noventa frutos en mi cuento,
encontrándome tras los finales
y busqué un sueño para vestirme,
para quedar unidos en los ateridos instintos
y en la flaqueza.

Tal cual
competí conmigo mismo en la despedida
después del silencio,
porque la voz de las diosas puso sociego
en su mano;
unn amuleto, un amuleto 
en la derramada luz.

Tal cual
le obsequié mi miedo a su aliento, 
el umbral de los treinta se convirtió en agua 
en sus labios,
la divergencia de las fechas parecía un juego
de la historia, 
el horizonte, confundido, entre la voz
de la despedida y el color de la estadía.
Tal cual.
Tal cual.

Alí Al Shalah (poeta iraquí)