26 de junio de 2018

Veinte años después

Aquí las huellas de las pisadas se detienen;
aquí la luna
yace con los lobos, los perros y las piedras,
detrás de las rocas y las carpas, detrás de los árboles.

Aquí la luna vende su cara cada noche,
por una daga, una vela, un entrelazado de lluvia.
No arrojes una piedra en su fuego;
no robes los anillos del vidrio
de los dedos de las gitanas.
Ellas dormían ,así como los peces,las piedras y los árboles.

Aquí las huellas de las pisadas se detienen;
aquí la luna estaba pariendo.
Gitanas!
devuélveles sus anillos de vidrio
y las pulseras azules.

Fadwa Tuqan (poeta palestina, 1914-2003)

La danza del polvo
(estracto de las selecciones del Ryojin-hisho)

Ven,
vamos a amarnos de nuevo,
sólo una vez más.

La noche ha acabado
tocan la campana.
Nos hemos amado desde el anochecer.  

Qué vamos a hacer con esta sed!



En el mar de Ise
bucean mujeres
y recogen orejas marinas.

El amor que tengo 
es como aquellas conchas de orejas
marinas
-de un solo lado-.



La caracola
que el anacoreta lleva en su cinturón
ha caído y se ha quebrado,
como mi corazón se ha hecho pedazos 
por este amor.


Cantos de fe y amor japoneses, (autor desconocido, siglo VI, compilados por Go Shirakawa)
Vive con gloria o muere siendo noble
(extracto)

Toda muchacha de vientre liso, más sutil que el vino,
y de corazón cruel como una roca
posee una cabellera tal, que se diría que ámbar y agua
de rosas y madera de aloe se han mezclado en ella,
oscura como el cuervo, naturalmente ensortijada
espesa, tenebrosa y densa.
El viento se lleva el almizcle de sus trenzas y ella sonríe,
y sus dientes son frescos y hermosos.
Ha atado el cuerpo de Ahmad a la enfermedad
y los párpados al insomnio.
He aquí mi corazón, tómalo, acaba conmigo,
disminuye o crece su tormento.
Digno es el héroe, atrapado por trenzados mechones
y un esbelto cuello, de la languidez que a mí me afecta.
Excepto la de los racimos, prohibido está beber sangre,
sea cual sea.
Escánciame y al igual que mi patrimonio y mi nobleza,
sea mi alma prenda de tus ojos de gacela.
De mi amor por ti, testigos son mi entrega, mi delgadez,
mis lágrimas y las canas de mi cabeza.

Al Mutanabbi (poeta iraquí 915-965 d.C)


Cómo sería estar en Sham

Lenguas ancestrales de barros cocidos
removidas entre el fuego                                 
de nuestro pasado ya pisado,
me hablan de un punto llamado Sham
donde convergen continentes,
donde se mezclan culturas y se aceptan
como la roca al musgo húmedo,
donde se vive en armonía y respeto
entre una multisápida Torre de Babel,
donde existen ocho pórticos del tiempo
que hay que traspasar sin pensar ni dudar,
donde se respira por doquier el polvo contagioso
de las depuradas filosofías, ciencias y artes,
y todavía se escuchan los murmullos del zoco,
del jolgorio y los regateos, adheridos
a los muros laberínticos de piedra.

Quisiera conocerte más de cerca,
experimentar la trashumancia móvil
de tus apretados rebaños coloridos,
tatuada con los rojos del verano lánguido
o del petrificado invierno de cristales,
complacer la codiciosa boca sumisa
ante las notas apremiantes
del alcanforado cardamomo verde,
taracear la madera de los fragantes cedros
en un recamado joyero de sueños
donde puedan navegar las flores del nácar,
bailar la hipnótica Danza de La Espada
con su apasionada partitura fiel y originaria,
representar la obra magistral de todos los tiempos:
Fin de la Guerra”, en el gran Teatro de Bosra,
subir las graderías con larga túnica de lino drapeado
y oír los fuertes aplausos, como ecos multiplicadores
desde la exaltada tribuna de las vibrantes arengas,
entregarme en un trance voluptuosamente profundo
al narcótico vapor del hamman de domo horadado,
en una trilogía de purificación vital, tibieza y luz,
fusionados en giros derviches de mente cuerpo y espíritu,
capaces de elevarnos a niveles contemplativos inimaginables!

Déjame anudar la lana cruda de tus alfombras,
soplar el vidrio herbal de las estilizadas botellas
rebosantes de los aceites de olivas más selectos,
oler a mazapán, miel, granadas y almendras,
beber los preciados vinos del siglo IV a.C
de la copa cautivadora de Cleopatra,                         
macerados de las ciruelas más oscuras,
o de las dulces uvas de Apamea,
delinear cuidadosamente mis párpados con kohl
para enmarcar las ventanas abiertas de mi alma
con la más brillante y diáfana galena negra,
surcar los afluentes de Jabur, Chagchag y Balij,
y convertir mis desiertos en vergeles del Edén,
cruzar los siete cielos sobre caballo de marfil alado,
volar en tus legendarias alfombras mágicas
para envolverme como una elegante voluta,
artística, estilizada y geométrica,
inspirarme en el Código de Hammurabi
obsequio del Dios Samash de la Justicia,
para disciplinar a todas las estrellas dispersas
al tallarlas en alargadas estelas de diorita,
presenciar la limpia molienda del trigo
y pulverizarme hasta ser partícula
de su misma madre piedra,
sumergir mi torso en el calor soporífero
de las ocultas termas minerales primitivas,
y robarle el dulzor, con ánfora terracota,
a la prístina agua del manantial de Aqfa.

Invocar el oráculo de las divinidades
sobre ardiente pireo, ofrendando inciensos
de resinas finas, y almizcle de ciervos,
como sacerdotiza consagrada a los Templos,
de Nabu, Dios de la sabia escritura,
que sella el destino de cada persona,
o de Balshemen, el dueño de los cielos,
y transitar en sus mortuorios hipogeos
custodiando el aceite aromático de Terebinto,
capaz de momificar la piel fresca, en eternidades.

Enjaezar mi camello con perlas iridiscentes del Indico
y su silla, con aridez y estepas profusamente bordadas,
pasar el resto de mi vida como nómada sin fronteras
con la simplicidad de una jaima y de una robusta tetera
mirando al apretado nudo de errantes constelaciones,
y sintiendo el movimiento ondulante de las dunas
que jamás podrán represar los dedos de mis pies...

Ser versada en la exquisita grafía árabe
para que mi nombre sea bendecido 99 veces,
oír el cadencioso llamado a la oración
desde el pináculo dorado del solitario minarete,
leer los poemas sumerios de Gilgamesh
entre capiteles corintios, o abigarrados crismones,
estudiar en la cúpula de Águila de tu Madrasah
la arquitectura fina de las mucarnas,
dispuestas en laboriosas estalactitas
cuando se le cantan oraciones de mimbre trenzado,
hacer las cinco abluciones diarias
en la fuente ritual de los mares del bronce
con pisos de mosaicos de intrincada matemática,
plasmar el pictograma de mi cuerpo en tus paredes
para estar día y noche, siempre presente,
trasmutar la leyenda y ser la Astarté
correspondida con el amor de Enkidú,
y obsequiarle a Humbaba, el toro de los cielos,
para partir sobre él, entrelazados hasta el infinito,
encender por doquier, lámparas de aceite balsámico,
y ahuyentar la negrura huraña de la noche,
retomar en Aleppo, la lectura de tu poesía noble
en lo que fue el principal centro cultural árabe,
del 948 a.C, como lo hizo Al Mutanabbi,
uno de los mejores líricos de esos tiempos,
ante su mecena, el príncipe poeta Saif al- Dawla.
No es fácil ser emigrante, y menos, refugiado.
Esperando la ansiada paz en Siria,
sólo puedo escribirte mis más conmovidos versos,
ofrendarte mi apasionado corazón desnudo,
cubrir de resplandor, las lágrimas enlutadas de mi rostro,
de aquellas lunas llenas de 1882, en Puerto Cabello,
para remontarme de nuevo, a mar abierto,
y darle la bienvenida a mi procedencia árabe,
aquellos que ya abundantemente parieron                         
los descendientes nobles de raíces fuertes,
en el vientre bendito y generoso de Venezuela.

Soñando despierta, me pregunto,
¿cómo sería surcar esos extensos océanos
para llegar a ese fascinante país,
el de Las Mil y Una Noches,
y seguir renaciendo una y otra vez, en ti,
como una frondosa y perfumada higuera,
mi Siria querida, hasta el día que muera?

Astrid Colomine (poeta venezolana)
Canto de Balkis,hija de Lilith

Soy la reina de Saba
la sabia entre las sabias y el desvío de los aturdidos
el iluminado envió su cofia para ensalzarme
mis perfumes precedieron mis pasos hasta él
mis arenas movedizas lo aprisionaron
y él no pudo doblegar mis fuerzas.
Soy la valiente amazona
el nardo me anuncia y los ciervos me siguen
reino con justicia 
venzo a los humanos y a los djinns
torturo a los saciados para nutrir a mis amantes hambrientos.
Mío es el anzuelo del sueño y de la vigilia
para mí la alerta de los ejércitos, en mí se halla su morada
soy la delicia elegida
con voz de tiniebla y azúcar.
Vuelvo para darle a Salomón su anillo
y retomar mi trono.





Dejen que muera de hambre para que se inflamen los bálsamos.
Hostígenme para que me derrame.
La tierna, como un albaricoque a punto.
La rebelde, como una granada que aún no lo está.
Estrújenme,
luego unten con el óleo de mis poemas los pies de las virtuosas.


Canto de Nefertiti, hija de Lilith 

Ha llegado la bella.

La savia del sol relumbrante en sus labios.

Y las estrellas coronando su frente.
Ha llegado la bella de la mirada ardida,

A la ausencia déspota,
a la cita ignota,
a la palma poblada de bosques y aves.

Ha llegado la leona oscura.

El encanto de sus ojos revelando el khol.

Y las flores de Egipto decorando su pecho.

Vengan, pueblos, 
del Este y del Oeste.

Presenten a su reina ofrendas y sacrificios.

Y tú, Akenatón, regocíjate,
ha llegado tu esposa nocturna.

Sube a su lecho.

Témplala, atízala, bésala.

Ella regresa de su sueño
para que la noche vele sobre ti. 








                                                        Joumana Haddad (poeta libanesa) 
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Meditación ardiente

Soy una meditación que quema
dentro guardo una isla acuosa
pájaros marinos y la luna llena a flote
alquilo un lugar a los cocodrilos del Nilo
mi meditación no es siempre agua azulada
sino roja de deseo
creciendo en sus ojos
alimento los cocodrilos con un sol deleitable
y los dejo dormir
vivo en una meditación que quema
oyendo la isla acuosa golpeada por las olas
callada silenciosamente.



Mi gente de la arena

Él es uno de los de la arena   un descendiente
      de mi clan de arena
Un desierto hiere sus ojos
Desde el día en que regresó de Arabia Saudita
Llueva o truene
Detrás de sus ojos se levanta una nube de polvo
Un camello rozna
En sus ojos un horizonte mira fijamente
       la eternidad
Por fin ha decidido vivir en el corazón
       de la arena caliente y taciturna como él
       sol que arde inmiscericorde
Su espíritu sorbe arena como si fuera un potaje
Se está casando con la familia
De esa vasta existencia llamada desierto
Su novia?
No el Corán    la arena
El espíritu conocido como el clan de arena ahora
se ha engullido el sol poniente
Su estómago es horizontal y nunca perturbará
       el horizonte

El señor T que regresó de Arabia Saudita el otro
      día
Me trajo un globo de ojo de color del agua
      azul
El ojo falso de Lawrence de Arabia
No me pregunten si tenía un ojo falso
Mi lengua y mis ojos para decirles la verdad son una ilusión
Tanto como para gustar la ausencia de imágenes
       reales
Señalando un plano         Aquí estuvo la oficina de Lawrence
Ahora destruida será reparada
La arena rebosa donde sus dedos índices señalaron 
       el plano
El plano está hecho de arena y los nombres son visiones
Soñadoras de cadáveres de hombres

Más precisamente         sólo la arena tiene dirección
Los hombres no son ni surcos en el viento ni siquiera arenas
          movedizas

Mi gente de la arena
Él es uno de esa gente de la arena
El desierto hiere sus ojos de vez en cuando
Sube la arena para ocultar las expresiones de su rostro
Llora o sonríe?
En tales momentos
Aguzo mis oídos para escuchar
El goteo del agua
Golpeando el fondo de una tina
Que una vez oí en la habitación 306 del Hotel Continental
                                                             del Cairo
El grifo estaba roto y en un ritmo constante el agua
              goteaba
Afuera de la habitación la recitación del Corán al atardecer y
las voces de una multitud
Sobre una cama muelle
En una habitación con paredes de piedra como un sepulcro 
                                                                             dejé 
               caer mi cuerpo
Suave y vivo                me mantuvo tranquila
Como la muerte como un antiguo rey en un sueño de 5.000
     años
También he dejado que mis ojos vivan la tormenta
      de arena amarilla
No el viento de estación que sólo sopla en marzo
Sino aquel que corre en todas las temporadas
Por lo menos mientras yo esté
En el interior a la entrada del espíritu
Desde el día que el señor T me trajo el falso ojo de 
      Lawrence de Arabia
he aprendido que el Sahara está al lado
del hombre que empleó 200 días pegando
          tablillas en el techo
Durante la construcción del Palacio Imperial
       saudita
El desierto de la meditación en que anduve
          para conocer por mí misma
la Esfinge
que es la gente de la arena.
Qué
vi en el ojo falso de Lawrence?

Un Universo hecho de azul marino          un romance
Transparente aunque del todo ausente
Por lo que no refleja nada
Puede convertirse en cualquiera

En qué se ha convertido?
Quiéralo o no
Casi como si por amor hubiera enterrado la mitad
         de su vida en la arena
Su espíritu sepultado en la arena
Ha regresado a Londres con un ojo menos para ver

El señor T ha encontrado ojos
No son ojos falsos
Vivos, ondulantes        que miran como el mar
son arenas        son desiertos
De dónde viene el viento 
Que sopla sobre el desierto sin pausa?
Los ojos del señor T        como un radar
        lo entienden
Por ello              el viento es un dios
O debería llamarlo demonio
Aquella oficina se encontraba en el centro de Yidda
Algunas veces fui a dar un paseo
Y mientras él hablaba, el viento corría por
       sus ojos
Varias docenas de años han pasado desde
       la muerte de Lawrence y 
Aquí está el señor T con el corazón que le brota a sus 25
                                                                                años
Aquí está él
Si bien no hay ahora ni revolución ni guerra
         en la cercanía
El sol infalible
Con severidad repetitiva se arrastra por el suelo
Para abrasar a los hombres
Si por falta de cuidado perdieras tu pasaporte y 
      quedaras encerrado
Estarías flirteando con la muerte no sólo asoleándote
No hay techumbre ahí conoces a
Ra         sólo está el sol

Recuerdo la tarde de ese día
El cielo azul penetraba

Un joven observaba desde una ventana
         del tercer piso de una casa
         de paredes blancas estucadas
El cielo azul penetraba          penetraba mi cerebro
Dentro de mí estaba el fondo del santuario
     De Ezna
Sin piedad sol detrás de sol cavaban
Silenciosamente yo los engullía uno seguido del otro
Un momento después             ví
Vigorosos hombres            el muerto conducido en un
         palanquín de lona                   sin lágrimas
         con los ojos fijos al frente 
Camino de un lugar para el entierro
        no sé dónde
Los veo avanzar
Sus voces profundas y bajas en plegaria
Hacia el sitio del entierro           no sé dónde
Veo pasar el desfile funerario
Después de dispersada la marcha funeral
Quedó el desierto         lo habían dejado intacto
La Esfinge durmió durante todo el día
O con sus ojos ciegos observó la eternidad

Nada allí                salvo la arena
Es el desierto

Mientras viajaba en bus a lo largo del Nilo
Hacia el templo de Karnac en medio de la charla obscena
        de los conductores
El viento cimbraba y rutilaba          volaba
      a través de la ventana
El viento
Era o no el mismo viento
Que raudo transformaba
La tarde en la desierta Yidda
Y luego se esfumaba?

El cimbreante viento viene y                se va de mis ojos
        como una silueta       
Como un pájaro enlutado

No había allí mujeres
Solo un velo negro que se agitaba a veces 
Al mediodía antes de la siesta
Se hundiría en el mar detrás
        de la fábrica
Y luego sin prisa
Su espíritu empezaría a sorber en las arenas
          como si fueran gachas
Los corazones de la taciturna gente de la arena
Que viven en la arena
Entienden el Zen en el vacío
En sus ojos él tiene un horizonte que mira fijamente
a la eternidad y
Deja que los numerosos soles abrasadores
Duerman dentro de su corazón de arena
Voces del Corán
El roznido de camellos
Sonidos de agua
Cantos de pájaros
Pasan
Como lo hacen los vientos

Ra (el dios del sol)
El dios carnero
Isis
Cada uno
Besa con la promesa de la eternidad
Las arenas son generosas con ellos
Los espíritus de la arena nunca dejan de abrasarlos
Ellos encierran en sus cuerpos
      la eternidad sobre la tierra

El ojo falso de Lawrence se mantiene transparente
Aún en la ciudad desarenada donde el concreto
        se multiplica
Por su ausencia
Refleja todo           nunca pierde el lustre
Gente de la arena
El        el señor T        ojos fantasmales dentro de mí

Ellos son gente de la arena
El desierto que fija la mirada en el horizonte
           durante todo el día
Se hinca allí donde una nube de polvo
         se levanta y 
el espíritu de la arena             dibujando
          sutras invisibles cuando se requiere
Asciende hasta los Cielos

 


  Kasuko Shiraishi (poeta japonesa)