14 de abril de 2018



Raíces Árabes Semitas


Entro descalza a la mezquita
de mi amado Jericó en ruinas,
pero aún así cubro mi cabello
empapado de sudores antiguos,
de viejos dolores fermentados,
siento respeto por el significado
oculto en los borrosos arabescos
de la gastada alfombra,
cubierta aún, de rojos y pólvora,
de quienes no renunciamos a creer.

Mi corazón está siempre alerta
ante el sonido acre de las sirenas,
y se cierra instintivamente
con el retumbar insidioso de los disparos,
trato de soñar a pesar del miedo,
y mi pensamiento viaja hasta tí, Alá,
que me hiciste monoteísta, cuando renuncié
a mis falsos ídolos de odio-codicia.

Profeso una rica fusión de conceptos
provenientes de mi sangre
islamista, cristiana, judaista,
todos pertenecemos inequívocamente
a las diferentes ramas de un mismo árbol,
llevo en el centro de mi pecho
los 114 suras con el nombre del Creador,
me elevo mitológicamente
en una reverente plegaria
en la cola pavo real de Alburaq,
diviso desde lo alto y con tristeza,
a los tantos traicioneros Zainabs
que se apoderan de mis sagradas tierras,
sirviéndonos impúdicamente
los envenenados corderos del odio
que comemos por la fuerza,
justicia universal, ciudadanos del mundo,
¿acaso no sienten nuestro dolor e impotencia?

Cada día corro, grito y rezo,
envolviendo a mi moribundo hermano,
con la cáscara sutil de mi cuerpo,
mientras yace armado,
con polvo y roca del camino.
Arsenal de mezquinos indolentes
que quieren cobrarse su Holocausto
con quienes jamás ningún daño hicimos,
sólo nos declaramos culpables de ser
parientes con la misma lengua semita,
pero con la salvedad de sabernos
más antiguos, más nobles y más sabios,
compartiendo generosamente nuestras tierras,
aunque sea con estos mismos desposeídos
que hoy abren desmesuradamente
sus fauces hambrientas, de bestia indolente,
en este suelo filisteo que jamás fue,
es, ni nunca será de ustedes.

¿Dónde está mi tribu nómada de Canaán,
dónde, glorioso pasado de creadores
de esta cautivante civilización nueva
que tantos otros pueblos hicieron suya?,
¿dónde, tejedores de tapices ya soñados en seda?,
¿dónde, fuente de vidriados azulejos
disputando tu refulgente brillo
con el espejo acuático de mercurio?,
¿dónde, hechizo puro de artes,ciencias y letras
desarrollado prodigiosamente como celosía
mientras Europa todavía vivía en la barbarie?

Sólo quiero cultivar oro en los campos de trigo,
contar las perlas blancas de la cebada,
ser como un hermoso camello
que resiste sin agua, eternidades,
ser simple, y diáfana como un vaso de té,
extenderme como arena tibia pero sin ser pisada,
coexistir aceptando a los otros diferentes a mí,
volar como flor de azahar al viento
hacia los coloridos bazares de las especies,
en Jerusalén, Ramallah, Qalqilya o Belén,
disfrutar de un aromático baño de aceites a orillas del Jordán,
saborear un café arábigo de perfumados granos oscuros,
oler el tabaco amaderado del narguile, tatuarme las manos de henna,
danzar el Dabke, cantar canciones de amor,
seguir escribiendo con pasión, todos los poemas del Universo,
usar la brújula, navegando en los mares libres de Palestina,
guiar mi norte con el astrolabio de la belleza y de la intuición,
jugar con el cero matemático y la geometría,
disfrutar de la dualidad astronomía- astrología,
de mágica alquimia junto a la química
aplicando las pócimas curativas de Avicena,
damasquinar mi mirada con inspiración y dulzura,
y apostar toda mi vida, a las más hermosas piezas de paz
que poco a poco construimos para que dejen de ser fábulas 
y se conviertan hoy en una realidad.






Astrid Colomine (poeta venezolana)

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