Bebiendo de los rayos de sol
Te descubro sentada, los ojos cerrados
bebiendo los rayos de sol,
serena en tu luz y tu expresión divina,
y cobra hálito un mensaje
en la memoria de tu boca.
Desde el mar,
tus caderas vienen y me desvelan
el misterio de las olas,
y son hogaza tierna y raíces que atraviesan
las verdes cumbres de tus ojos,
olos plenos de alas y sueños.
En el aire recobro tu voz,
tus pisadas sonoras,
la sombra del árbol frondoso
frente a la calle estrecha.
Y el apacible rincón me devuelve
tu sonrisa del primer día
que soñé una tarde de julio,
antes de conocerte
en la Plaza de la Candelaria.
Como náufrago en la oceánica soledad,
voy recomponiendo la esperanza
de nuestro hipotético encuentro.
Nunca deseé desprenderme
del mapa que día a día
dehoja tu presencia,
apacigua el calor de tus abrazos,
y tus cantarinas y sensuales frases
que despiertan en mí tanta ternura.
Desconocías por completo el nombre de mi Patria,
el ardiente nacimiento,
la reseca sangre de mi pecho.
Mis huellas arrastran jirones
de afectos largamente rotos
bajo las colinas y los pozos.
En mi tierra es habitual que se crucen
largamente de brazos las nubes,
y se escuche la resonancia de lejanos ritos.
Y cuando la silueta de algún abrazo
afraña el crepúsculo del Sahara,
asomas
como agua de memoria.
Con tus labios de mar y frutas,
y tu compromiso tenaz y sonoro.
Liman Boichia (poeta saharaui,1972)

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